Vladímir Ilich Uliánov, mejor conocido como Lenín es uno de los personajes más influyentes de la historia. El líder de la revolución bolchevique en la extinta URSS propició una serie de cambios geopolíticos que repercuten aún a nuestros días.


Amado y odiado casi en partes iguales, descansa desde 1924 en la plaza roja de Moscú, donde su figura es símbolo de Rusia.

Sin embargo, se reabrió un debate en Rusia sobre qué hacer con el cuerpo de Lenín. Una de ellas es mantener en intactas condiciones el cadáver del difunto político, aunque no es un tema sencillo y supone una gran inversión.

Ahora, con la crisis económica mundial debido al Covid-19, desde todas partes del país europeo han propuesto vender el cuerpo del líder para sustentar el presupuesto nacional.

Vladimir Zhirinovsky, líder del partido ultranacionalista LDPR, fue el encargado de poner sobre el tapete la inédita propuesta.

Zhirinovsky lleva largo tiempo pidiendo el cierre del mausoleo donde se conservan los restos momificados del líder soviético, al que cada año acuden unas 450.000 personas.

«Aquí podríamos vender la momia de Lenin. Hay compradores: China, Vietnam o algún otro tipo de [país] comunista. Y Lenin está en buen estado, fue momificado hace sólo 96 años», tuiteó Zhirnovsky.

«Con la venta de la momia, el presupuesto puede obtener mucho dinero», apuntó el líder ultranacionalista.

Mantener a Lenin presentable cuesta 173.000 euros al año, según reveló el Gobierno ruso en 2016. Desde el final de la Unión Soviética se ha reabierto varias veces el debate sobre qué hacer con su cuerpo.

A la polémica se ha sumado el veterano periodista ruso y miembro del Fondo del Mausoleo de Lenin, Yury Izyumov, no está dispuesto al desalojo. Cree que Lenin «fue un genio que cambió el curso de la historia mundial».

El propio presidente ruso, Vladimir Putin, se ha mostrado en contra de esconder a Lenin, «al menos mientras tengamos entre nosotros a muchas personas cuyas vivencias sigan vinculadas de alguna manera con los logros del periodo soviético».