La crisis debido a la pandemia de coronavirus ha hecho estragos en muchas familias, personas y sociedades, pero también hay efectos económicos importantes que no se pueden dejar a un lado.

A pesar de que el gobierno ha hecho esfuerzos por ayudar a las personas a mantenerse en sus casas, en especial a aquellas que son más vulnerables, estas iniciativas parecen insuficientes para muchos chilenos, sobre todo para quienes sufren las consecuencias de un mal despido o viven de institución en institución buscando ayuda para alimentarse y cubrir sus necesidades.

Esta es la realidad de Carlos Pérez, un hombre de 63 años que ha tenido que enfrentarse a la pandemia prácticamente sin recursos.

Su historia

Comenzó a trabajar el 3 de noviembre de 2019 como jefe de turno nocturno (20:00 a 08:00) en la empresa MCS SEGURIDAD EIRL. Ahí ganaba $380.000, todo parecía estar en orden, hasta que un día le avisaron de una situación nada agradable.

Carlos Pérez fue llamado el 15 de marzo por su supervisor para pedirle que tomara cuarentena preventiva hasta 30 de marzo. La orden vino del administrador del Parque Cultural Valparaíso.

«El día 27, aproximadamente, avisan que no renovarán mi contrato, el cual se vencía el 31 de marzo. Así me lo confirmó por WhatsApp el jefe de recursos humanos de la empresa, ya que no quieren mayores de 60 años en la instalación», explicó para Quinta 24.

Es así como, en plena pandemia, Pérez se quedó sin un empleo fijo para poder cubrir sus necesidades, así como ha ocurrido con más de 400.000 chilenos a lo largo y ancho del país. Sin embargo, aún no sabía que lo peor estaba por venir.

Inició los trámites ante la Administradora de Fondos de Cesantía (AFC) para cobrar esta remuneración y poderse sostener los meses siguientes, pero se encontró con que su empleador solo había declarado la última cotización de 5 que tenían que estar registradas en el ente laboral.

El 28 de abril le dieron su finiquito por $90.000 y ahí pudo acceder al Seguro de Cesantía. De acuerdo con los calculos que le hizo la AFC, solo puede cobrar $65.000 por cuatro meses. Sin embargo, también tuvo una situación irregular al momento de calcular sus fondos.

«Por una mala gestión de la empresa, la carga familiar que acreditaron se hizo con la fecha en que el empleador entregó los papeles en la AFC (27 de diciembre de 2019) y no con la fecha del contrato (3 de noviembre de 2019), lo que me ha generado otro problema y daño económico».

Ayudas estatales tampoco le llegaron

Así, con $90.000 en sus bolsillos, y a la espera de empezar a cobrar el seguro de cesantía, Carlos quiso ingresar a cobrar las ayudas estatales (Bono Marzo y Bono Covid-19). Sin embargo, aquí tampoco fue beneficiado, extendiéndose aún más su agonía.

«El Instituto de Previsión Social (IPS) dice que yo no aparezco en el sistema y la Caja de Compensación de Los Andes dice que el bono está pagado», explicó el residente de Laguna Verde.

Es así como ha tenido que estar «ping-pong», forma en la que él se refiere a ir de un organismo a otro buscando respuesta, ya que encaja en el perfil de población más vulnerable, pero su ficha también ha tardado en actualizarse.

Además, debido a su edad, 63 años, aún no se ha podido jubilar y ha perdido mucho dinero de sus fondos en la AFP, esto principalmente porque todos los fondos tuvieron caídas producto de la crisis económica mundial por el coronavirus, lo que incluso llevó a parlamentarios de oposición a iniciar proyectos para que las AFP asuman las pérdidas y no los clientes.

crisis de servicios básicos no son ajenas a su realidad

La crisis de servicios básicos también le ha afectado gravemente, debido a que él y sus vecinos no tienen agua potable constantemente en la zona rural de Laguna Verde, por lo que deben comprar cubos de agua de 1.000 litros por $8.000 que solo le duran una semana.

«Esta es la realidad de los ‘jaguares de América’, desde enero dicen que todo está controlado en materia de salud, social y económico, pero son miles los chilenos que, como yo, vemos cómo el sistema nos hace agua. Ya no quiero seguir haciendo fila tras fila».

Es así como la indignación se apodera de Carlos, quien a su edad no puede creer todo lo que está viviendo. «Hemos trabajado toda una vida y esta situación es grave, las hemos vivido todas hasta ahora».